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De bodas y menús infantiles.
1 Feb
Publicado por Onebyone en Cosas de la vida
Dentro de unos meses toca boda, la de un pariente muy cercano (mi tío), y eso conlleva un grado mayor de involucración en el asunto, así como también algo de ventaja.
Ventaja… ¿Por que? Pues por que no tendré que sentarme en una maldita mesa “de niños” dónde la edad más próxima a la mía es de once o doce años. Ni comer macarrones y escalopa de pollo mientras los otros se meten el gran banquete.
Esto es una reivindicación, así de claro. Estoy harta de ir a una boda con toda la ilusión del mundo para probar los “Filetes de ternera con reducción de Oporto flameado y milhojas de yuca con arándanos”, el “Rape al horno con muselina de ajo tierno y carpaccio de gambas” o los granizados de Maracuyá/Cualquier Fruta Exótica que se sirven entre plato y plato y saber que después del aperitivo (gracias a Dios por los aperitivos dónde las mesas de quesos, jamón, sushi, cazuelitas y pinchos rezuman opulencia y evitan que me muera de asco en la mesa) me tocará sentarme en la otra punta del salón o
directamente apartados en otro piso (que si, que eso me ha pasado ya dos veces), con unos “adorables niñitos y niñitas” vestidos correspondientemente y sentados en círculo a mi alrededor pidiendome que les eche el agua, que les corte el pollo y que cuente historias (esto último es lo único que no me molesta… hasta que les has contado diez) mientras sus padres están de chachara, cachondeo y comiendo agradablemente en una mesa dónde la comida ni vuela, ni nada, ni patina. Ni se manchan entre ellos.
Hombre, lógicamente hay gente (niños) que prefieren comerse los macarrones/espaguetis y la escalopa/pizza, pero es que yo lo he odiado toda la vida, los menús infantiles son la peste. Nunca en mi sano juicio he pedido uno, ni con 2 años, ni con 9. Y mis padres tampoco lo han hecho por mi. Aunque he de decir que en las 3 últimas bodas la camarera era enrollada y me traía los platos del menú correspondiente.
Bueno, sigamos con esta queja abierta a los menús infantiles y las mesas de niños. Claro, para los padres es más fácil dejar al hijo en manos de una adolescente (por que casi siempre da la casualidad de que estas sola o vienen dos más a quienes casi no conoces) o de unos animadores que pululan por ahí (otro tema a tratar más adelante), y que se manchen ellos eh. Deja, deja, vaya a ser que me manche el vestido y tengamos que recurrir al quitamanchas… Además cariño, por un día que podemos estar los dos sin que esté molestando, deja que joda a otros. ¡Pues no! ¿A que has sido tu quien ha querido a un monstruito? Pues lo aguantas hasta en las bodas, he dicho.
Despues de la comida… ¡Llega el momento de los animadores! Divertidísimo, enserio. Cómo lo odio. Más que nada por que me tratan como si yo fuera… Una niña de 7 años. Ni más, ni menos. Ese es el momento en el que me escaqueo y me voy al buffet de postres que suele haber y me siento en la mesa de mis padres con una silla que cojo de alguien que ha tenido que irse “por casualidad”. A mi que no me fastidien.
A ver, a mi me encantan las bodas, y uno de los motivos es el banquete (no infantil). El aperitivo (“Imágen de Homer Simpson pensando en unas chuletas de cerdo y babeando por ellas”) y esos platos con nombres tan largos y raros y que molan un huevo (otra vez Homer). Por eso, en esta próxima boda, ya le he dejado claro a mi tío que o me sienta con los “adultos” o voy vestida de Clone Trooper (que capaz lo soy).
Ah, y prometo solemnemente que si un día me caso suprimiré la mesa infantil y su horripilante menú. Sin peros.
